jueves, 12 de enero de 2012

Viaje del orgullo al dolor

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El Córdoba se rehace de una horrorosa primera parte pero Alvaro Vázquez le roba los cuartos a dos minutos del final

IGNACIO LUQUE (Diario Córdoba)
  • Espanyol: Edgar Badia; Raúl Rodríguez, Amat, Héctor Moreno (Javi López, min.55) , Dídac; Romaric (Rui Fonte, min.76), Forlín; Weiss (Thievy, min.55), Sergio García, Verdú y Álvaro.

    Córdoba: Arias; Cerra (Borja, min.46), D. Prieto, Tena, Fuentes; Quero (Vico, min.36), Alberto A., Juan Hervás, López Silva; Pepe Díaz (López Garai, min.80) y Patiño.

    Goles: 1-0, min.9: Álvaro; 2-0, min.20: Álvaro; 3-0, min.35: Dídac; 3-1, min.39: Alberto Aguilar; 3-2, min.49: Pepe Díaz; 4-2, min.89: Álvaro.
    Árbitro: Clos Gómez (comité aragonés). Amonestó a David Prieto (min.11), Verdú (min.15) y Vico (min.54).

    Incidencias: Partido de vuelta de octavos de final de la Copa del Rey disputado en el estadio de Cornellá-El Prat ante 22.109 espectadores.
Pues no. Nada de lamentos. Ni de quejas. Ni tan siquiera un "ay, míreme usted esto que ha hecho o ha dejado de hacer". Y las primeras letras, con perdón, hay que juntarlas pensando --pásmense-- en los agradecimientos. Porque hay que reconocer mucho a este Córdoba en general y a su competición copera en particular. Primero, a quienes hayan confeccionado esta plantilla. Da igual quién o quiénes. Algunos, instalados todavía en lo que ha sido tradicionalmente el Córdoba Club de Fútbol, continúan reclamando méritos. Para sí o para otros (por supuesto, amigos de toda la vida que buscan una medalla con la misma ansia que las vírgenes mártires).

A todos los componentes de la plantilla, incluidos por supuesto los que ayer tuvieron una actuación que hasta duele comentar. El segundo agradecimiento es para el que manda al grupo. Esta versión 2.0 de Paco Jémez (no nos cansaremos de reiterarlo) está dando estos frutos merced a detalles que a la 1.0 se le escapaban. Honor y reconocimiento a un técnico, y a su segundo, Rafael Reyes, que están optimizando al máximo una plantilla justita que está en Liga en donde está (inimaginable) y que en Copa ha metido a casi 20.000 personas en El Arcángel y que no ha llegado a cuartos por un simple concepto: hace tiempo, un ex entrenador blanquiverde aseguró, en petit comité , que "los últimos 10 minutos de un partido no son de los entrenadores. Son de los jugadores. Ellos los gestionan". Esa gestión de los blanquiverdes fue desastrosa.

Jémez hizo un buen once titular. Y realizó unos cambios simplemente espectaculares (por el resultado que dieron). Hasta donde él pudo, el Córdoba estaba en cuartos de final de Copa. Ay, pero sus jugadores se empeñaron en desmontarle el trabajo. La primera parte fue, simplemente, horrorosa. Un centro del campo prácticamente ausente sacó a relucir todas las vergüenzas de la defensa cordobesista, especialmente en los centrales y en la banda derecha. Sergio García recordaba al que consiguió una plaza en la selección española campeona de Europa. Verdú maniobraba con una libertad absoluta, Alvaro Vázquez se convertía en el clon del mejor Van Basten y a Romaric solo le faltaban las rastas para hacer lo propio con Gullit. Un Córdoba ausente en esos primeros 45 minutos sufrió casi una docena de ocasiones, la mayoría clarísimas. Los tres goles pericos eran muy cortos y el tanto de Alberto Aguilar, a fuerza de ser sinceros, resultó un milagro.

El Córdoba cuajó una primera parte horrorosa; sin presión en el centro del campo y con la defensa descolocada continuamente, el 3-1 al descanso fue, simplemente, un milagro
La entrada de Borja y de Fede Vico cambió la cara al encuentro. Los de Jémez pudieron cerrar la eliminatoria, pero faltó acierto en los metros finales. Alvaro Vázquez no perdonó
Pero tras el descanso, la entrada de Borja y la presencia desde los últimos minutos del primer acto de Fede Vico, ambos fundamentales, cortocircuitaron al Espanyol. La banda derecha, hasta entonces territorio catalán, se reconquistó, reapareció para el Córdoba. Así como la opuesta. El gol de Pepe Díaz, a centro del canterano cordobesista fue un mazazo para los locales. Los de Jémez lo aprovecharon, pero solo en el juego. El balón era por primera vez del Córdoba, que por momentos parecía casi gustarse. Los de Pochettino transformaron la fluidez de la primera mitad en un bloqueo monumental en la segunda. No lograban salir con el balón controlado, el centro del campo blanquiverde presionaba tras la pérdida y recuperaba en terreno perico. Parecía increíble.

Después de estar fuera de la Copa por el 3-0 a la media hora de encuentro y volver a meterse con los goles en minutos vitales, al conjunto blanquiverde le faltó el instinto asesino. El Espanyol le enseñó la yugular al Córdoba y este no pasó de darle un besito en el cuello. Las ocasiones de Patiño y de Pepe Díaz se desperdiciaron incomprensiblemente. Aun así el Córdoba no le perdía la cara al encuentro, ni mucho menos. Se sabía en la siguiente ronda e intentó esconder el esférico. Pero el catalán es un equipo de Primera y ayer lo demostró. Tuvo paciencia para llegar a los últimos minutos y confiar en el arreón final. Ese último cuarto de hora de encuentro se convirtió en la tumba para el Córdoba, que se encontraba roto físicamente.

Con todo, las virtudes espanyolistas volvieron a aparecer por errores visitantes. No se puede conceder tanto, y menos a un Primera División. Arias, hasta el momento inconmensurable con casi media docena de paradas de muchísimo mérito, erró en el saque de puerta. El balón, finalmente, llegó al verdugo blanquiverde en la eliminatoria: Alvaro Vázquez levantó el esférico ante la media salida del boliviano.

Después de eliminar al Murcia, al Huesca y al Betis, el Córdoba caía de manera dolorosa en la Copa, apenas a dos minutos del final, tras reconectarse a la misma con un esfuerzo inhumano y sobreponerse a una horrorosa primera mitad. El dolor era inevitable, sobre todo por la forma. Pero con ese dolor se mezclaban otras sensaciones. ¿Pena? Sí. ¿Reconocimiento? También. ¿Orgullo? Todo. Y agradecimiento.

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Fuente: marca.com

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